En las calles de la Ciudad de México, el ajolote se ha convertido en algo más que una figura decorativa: está en murales, campañas institucionales y activaciones culturales promovidas por el gobierno capitalino bajo el concepto de “ajolotización”, una estrategia de identidad urbana impulsada por la administración de Claudia Sheinbaum durante su gestión en la capital y continuada en la narrativa política reciente.
Sin embargo, el tema ha escalado a un terreno delicado: el del marketing oficial del Copa Mundial de la FIFA 2026. De acuerdo con el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI), el ajolote no forma parte de las mascotas oficiales del torneo, las cuales son Maple (Canadá), Zayu (México) y Clutch (Estados Unidos), lo que abre un posible conflicto sobre el uso de elementos gráficos asociados indirectamente al evento.

La discusión no es menor. La FIFA protege de forma estricta sus activos comerciales y de marca en los países sede. En México, la organización tiene registradas cientos de marcas relacionadas con el torneo, lo que le permite blindar el uso de símbolos, mascotas y campañas vinculadas a la competencia. En ese contexto, cualquier uso que pueda generar confusión o asociación no autorizada con el Mundial podría derivar en observaciones legales o incluso sanciones económicas.
Especialistas en mercadotecnia deportiva han señalado que el riesgo no está necesariamente en el uso del ajolote como símbolo cultural, sino en su posible vinculación visual o narrativa con el Mundial 2026. En ese sentido, el exdirectivo de marketing de la Liga MX, Javier Salinas, ha advertido en distintos espacios que las activaciones locales deben alinearse cuidadosamente con los lineamientos de la FIFA para evitar conflictos contractuales con el gobierno federal.

De acuerdo con la Ley Federal de Protección a la Propiedad Industrial, el uso indebido de marcas registradas puede derivar en sanciones económicas que, en casos extremos, alcanzarían varios millones de pesos, dependiendo de la gravedad y el alcance comercial de la infracción.
Desde el ámbito político, la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada Molina, ha defendido la estrategia cultural al señalar que la “ajolotización” busca resignificar el espacio público, impulsar la identidad local y promover una estética urbana basada en elementos endémicos de la capital.
El punto de fricción entre ambas visiones —la identidad cultural local y la regulación global del futbol— se mantiene abierto. A meses del arranque del Mundial, el caso se perfila como un ejemplo de los retos que enfrentan las ciudades sede al equilibrar promoción cultural, comunicación política y los estrictos marcos comerciales que impone la FIFA.
