El 2 de octubre de 1968, miles de personas se reunieron en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, para participar en un mitin del movimiento estudiantil que había comenzado semanas antes. La concentración se produjo en un contexto de creciente tensión entre estudiantes y el gobierno del presidente Gustavo Díaz Ordaz. Las demandas incluían la libertad de presos políticos, la desaparición del cuerpo de granaderos, la derogación de los artículos 145 y 145 Bis del Código Penal Federal y el deslinde de responsabilidades por la represión previa.
El movimiento había surgido a finales de julio, después de enfrentamientos entre estudiantes y policías. La intervención de los granaderos y posteriormente del Ejército en distintos planteles incrementó la confrontación. Durante agosto y septiembre se organizaron grandes movilizaciones, incluida la Marcha del Silencio del 13 de septiembre. El Ejército también ocupó Ciudad Universitaria y otros centros educativos.

La tarde del 2 de octubre, el mitin transcurría cuando elementos militares y miembros del llamado Batallón Olimpia se encontraban en la zona. De acuerdo con documentos y testimonios recopilados por el Archivo General de la Nación y la CNDH, integrantes de ese grupo se infiltraron vestidos de civil y fueron identificados por portar guantes o pañuelos blancos. El Batallón Olimpia tenía como objetivo detener a dirigentes del Consejo Nacional de Huelga.
Poco antes de las seis de la tarde comenzó el tiroteo. Las versiones documentadas señalan la participación de elementos militares y del Batallón Olimpia, mientras que la plaza quedó atrapada en medio de los disparos y el caos. Muchos asistentes buscaron refugio en los edificios de Tlatelolco; posteriormente se produjeron detenciones masivas. La CNDH documenta que hubo violaciones a derechos como la vida, la libertad, la integridad personal, la libertad de expresión y la protección frente a detenciones arbitrarias.
La matanza no ocurrió de manera aislada. Fue el desenlace de un conflicto que había enfrentado durante meses a un movimiento estudiantil y social con un gobierno que interpretaba las movilizaciones como una amenaza al orden público y político. El contexto también estuvo marcado por la cercanía de los Juegos Olímpicos de México 1968, cuya inauguración estaba prevista para el 12 de octubre.
Las demandas estudiantiles no se limitaban a asuntos universitarios. El movimiento exigía libertades democráticas, el fin de prácticas represivas y responsabilidades por la violencia ejercida por policías y fuerzas de seguridad. La respuesta gubernamental incluyó vigilancia, ocupaciones militares, detenciones y represión.

Una de las razones por las que hoy es posible reconstruir con mayor precisión lo ocurrido es la apertura de archivos que durante décadas permanecieron reservados.
El Archivo General de la Nación conserva expedientes de la Dirección Federal de Seguridad y de la Dirección General de Investigaciones Políticas y Sociales, además de material fotográfico relacionado con el movimiento. El propio AGN señala que esos documentos registraron las actividades de los cuerpos de inteligencia y el seguimiento realizado a los integrantes del Consejo Nacional de Huelga.
También existen testimonios de sobrevivientes y participantes. Entre ellos se encuentra el manuscrito de Luis González de Alba, integrante del movimiento y posteriormente preso político, que describe la jornada represiva, la presencia de hombres armados identificados con elementos blancos y las detenciones posteriores.
A estos materiales se suman documentos desclasificados del gobierno de Estados Unidos estudiados por el National Security Archive, que han contribuido a reconstruir el contexto de inteligencia y las comunicaciones relacionadas con la represión.
Esta es una de las preguntas que requiere mayor cuidado periodístico. Durante décadas se manejaron distintas cifras y no existe un consenso definitivo sobre el número total de muertos.
La CNDH señala que no hay certeza plena sobre el número de víctimas directas e indirectas. Por ello, para una nota periodística es preferible hablar de “decenas de muertos y cientos de detenidos” o explicar que las cifras históricas son controvertidas, en lugar de presentar una cantidad como definitiva.
Tlatelolco profundizó la crisis de credibilidad del régimen y quedó como uno de los principales símbolos de la represión política en México. El movimiento de 1968 también contribuyó a colocar en el debate nacional asuntos como la libertad de expresión, el derecho a la protesta, la participación política y los límites del poder del Estado.
Con el paso de los años, la apertura de archivos y las investigaciones de organizaciones de derechos humanos permitieron cuestionar la versión oficial que durante años presentó los hechos fundamentalmente como un enfrentamiento provocado por los estudiantes.
En 2024, el Gobierno de México reconoció oficialmente los hechos del 2 de octubre de 1968 como un crimen de lesa humanidad y ofreció una disculpa pública a las víctimas. La CNDH documentó y respaldó ese reconocimiento.
Cada 2 de octubre se realizan actos de memoria, homenajes, actividades académicas y movilizaciones. En Ciudad de México, la principal marcha de 2026 fue convocada por el Comité 68 desde la Plaza de las Tres Culturas hacia el Zócalo, bajo demandas relacionadas con verdad, justicia y no repetición.
La conmemoración también se extiende a universidades y organizaciones sociales de distintos estados. En 2026 se registraron movilizaciones en Ciudad de México, Morelos, Puebla y Oaxaca, mientras que algunas instituciones educativas modificaron sus actividades para permitir la participación de estudiantes.
La frase “2 de octubre no se olvida” se convirtió en uno de los principales símbolos de esta memoria histórica. Más que recordar solamente una fecha, las movilizaciones actuales suelen vincular Tlatelolco con demandas contemporáneas de derechos humanos, libertad de expresión, justicia y no repetición.




