A más de una década de que desaparecieran los 43 normalistas de Ayotzinapa, Guerrero, el caso continúa marcado por lagunas en la verdad, falta de justicia y demandas persistentes de las familias.
El 26 de septiembre de 2014, estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa fueron detenidos y desaparecidos por agentes del Estado y miembros de grupos criminales, según las investigaciones. Desde entonces, el caso se convirtió en símbolo de la crisis de derechos humanos en México.
Organizaciones como el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez (Centro Prodh) han documentado distintos obstáculos en el acceso a la justicia: hay irregularidades en la investigación, omisiones del Estado, versiones contradictorias y poca reparación integral a las víctimas.

Entre los aspectos más controversiales está la falta de claridad en la cadena de mando, es decir, quién ordenó qué y la pérdida o alteración de evidencia. Además, ciertos testimonios de detenciones y de traslado de los estudiantes han sido puestos en duda por peritajes independientes.
Las familias de los normalistas siguen exigiendo verdad, justicia, y medidas efectivas que garanticen la no repetición. Exigen que se esclarezcan responsabilidades políticas y de mando, así como sanciones para quienes participaron en los abusos.
A pesar de promesas gubernamentales, varios de los responsables señalados no han sido procesados, y muchas líneas de investigación permanecen abiertas o han sido abandonadas. También se ha cuestionado la eficacia de las nuevas instancias creadas para atender el caso, por su burocracia, falta de autonomía o de seguimiento real.

Imagenes; AFP, WOLA, BBC News.