El panteón de La Leona, en Cuernavaca, guarda entre sus tumbas una de las leyendas urbanas que forman parte de la tradición oral de la capital morelense: la historia de la mujer de los espejos, un relato que ha pasado de generación en generación entre trabajadores, cuidadores y habitantes de la ciudad.
De acuerdo con los testimonios recopilados por Eduardo Acevedo Colmenares, la historia se remonta a una mujer que tenía una particular afición por los espejos y disfrutaba pasar largas horas arreglándose frente a ellos.
Según la leyenda, debido a su gusto por estos objetos, antes de morir pidió a su esposo que su última morada estuviera decorada con espejos. Su pareja habría cumplido su voluntad, dando origen a una tumba que con el tiempo se convirtió en parte de las historias populares del camposanto.
Sin embargo, el relato tomó un giro sobrenatural con las versiones que comenzaron a circular entre los taxistas de Cuernavaca.

De acuerdo con estas narraciones, algunos conductores aseguraban que, durante la noche, una mujer les hacía la parada en distintos puntos de la ciudad y solicitaba un traslado hacia diferentes destinos, hasta que finalmente pedía llegar al panteón de La Leona.
Al arribar al cementerio, los conductores supuestamente descubrían que la pasajera había desaparecido del vehículo o que ya no podían localizarla después de que descendía.
Aunque esta historia suele recordarse con mayor frecuencia durante las celebraciones de Día de Muertos, los trabajadores del panteón señalan que los relatos sobre la mujer de los espejos no están relacionados con una fecha específica y forman parte de las leyendas que rodean al lugar durante todo el año.
Así, entre tumbas antiguas y relatos transmitidos por quienes conocen el camposanto, la supuesta mujer de los espejos continúa siendo una de las historias que alimentan el imaginario popular de Cuernavaca.
