Roberto Becerril
Lo que debió ser una mañana de alegría, movimiento y buenas ventas por la cercanía de las fiestas patrias se convirtió en un amanecer entre cenizas, olor a fruta quemada y metal calcinado para los comerciantes del mercado Adolfo López Mateos.
Desde temprano, los pasillos del icónico mercado lucieron diferentes. Sin luz y sin gas, como medida preventiva para evitar nuevos riesgos, el lugar quedó marcado por las huellas de las llamas.
El olor a fruta quemada y metal retorcido se impregnó en el ambiente. Las básculas que hasta hace unas horas servían para pesar los productos ahora son apenas trozos de metal inservibles, mientras que los cristales quedaron completamente opacados por una gruesa capa de ceniza negra.
Pero detrás de los daños materiales hay historias de comerciantes que lo perdieron prácticamente todo.
Una de ellas, quien prefirió mantener su identidad en el anonimato, relató a Línea Caliente, con la voz entrecortada, que apenas unas horas antes del incendio había tomado una decisión que esperaba se convirtiera en una buena inversión: puso todos sus ahorros en la compra de frutas y verduras para aprovechar las ventas de las fiestas patrias.
La esperanza de una temporada extraordinaria terminó convertida en cenizas.
Hoy calcula pérdidas superiores a 180 mil pesos y solo puede observar lo que quedó de su negocio después del incendio.
La misma tragedia alcanzó a una pareja que perdió por completo el puesto donde durante años vendieron frutas y verduras.
Desde su domicilio en Temixco observaron, con impotencia, cómo el fuego avanzaba dentro del mercado a través de las imágenes que circulaban en redes sociales.
Solo podían esperar y rezar para que las llamas no alcanzaran su patrimonio.
Pero cuando finalmente llegaron al Adolfo López Mateos, tuvieron que enfrentarse a la realidad: su puesto había quedado reducido prácticamente a cenizas.
Y en medio de la destrucción también hubo espacio para la fe.
Una de las comerciantes, dedicada a la venta de tacos dentro del mercado, contó una historia que para ella representa un verdadero milagro.
Entre los restos de un local completamente calcinado encontró algo que permaneció intacto: una Biblia.
Mientras prácticamente todo a su alrededor quedó destruido por el fuego, el libro permaneció sin daños.
Para ella, más que una casualidad, fue una señal de esperanza en medio de la tragedia.
La otra cara de la moneda
Pero el Adolfo López Mateos no solo es ceniza.
A unos cuantos metros de la zona devastada por el incendio, la vida comienza a recuperar su ritmo.
Hay comerciantes que, pese a no contar todavía con luz ni gas, ya están nuevamente detrás de sus puestos, ofreciendo frutas, verduras, carnes, mariscos y todo lo necesario para preparar la comida de las fiestas patrias.
Porque si algo quedó claro después del incendio es que las llamas pueden destruir mercancía, instalaciones y negocios, pero no necesariamente pueden apagar las ganas de salir adelante.
Con lo poco o mucho que lograron rescatar, los comerciantes aseguran que el mercado Adolfo López Mateos sigue en pie.
Y también sigue abierto para sus clientes.
Entre puestos quemados, mercancía perdida y familias que hoy enfrentan pérdidas de miles de pesos, también aparece una imagen distinta: comerciantes que decidieron no bajar la cortina.
Porque mientras unos cuentan las pérdidas y otros levantan lo que quedó de sus negocios, en el Adolfo López Mateos hay quienes ya comenzaron a vender nuevamente.
El mercado está herido, sí.
Pero sus comerciantes aseguran que no está derrotado.
