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Cruces de pericón: la tradición de Morelos que cada septiembre protege los hogares

Cada 28 de septiembre, las flores amarillas de pericón aparecen en puertas, ventanas, negocios y parcelas de Morelos como parte de una tradición que mezcla raíces prehispánicas con la devoción a San Miguel Arcángel
Vanessa Moreno

Con su característico aroma anisado y sus pequeñas flores amarillas, el pericón vuelve a ocupar un lugar especial en las calles de Cuernavaca durante los últimos días de septiembre.

En mercados, calles y distintos puntos de la ciudad es posible encontrar manojos de esta planta, así como las tradicionales cruces elaboradas con sus flores. La costumbre indica que deben colocarse el 28 de septiembre, un día antes de la celebración de San Miguel Arcángel, para proteger las viviendas y negocios.

De acuerdo con la tradición popular, durante la noche del 28 de septiembre “el diablo anda suelto”, por lo que las cruces de pericón funcionan simbólicamente como una barrera para impedir que el mal entre a los hogares. La tradición ha sobrevivido durante generaciones y todavía forma parte de las prácticas culturales de diversas comunidades morelenses.

Detrás de esta costumbre existe una historia que se remonta a las culturas originarias de México.

El pericón, conocido como yauhtli y cuyo nombre científico es Tagetes lucida, fue una planta de importancia ritual para los pueblos mesoamericanos. El INAH documenta su vínculo con Tláloc, deidad relacionada con la lluvia, así como su presencia en ofrendas y prácticas asociadas al ciclo agrícola.

Con el proceso de evangelización, distintas prácticas indígenas se fusionaron con elementos de la religión católica. De esta manera, el antiguo simbolismo relacionado con las cosechas y la protección de las milpas se vinculó con San Miguel Arcángel, considerado dentro de la tradición católica como defensor frente al demonio.

El resultado es una expresión de sincretismo cultural que continúa vigente en Morelos.

El propio INAH ha documentado que las cruces de pericón se colocan no solamente en las casas, sino también en las cuatro esquinas de las parcelas, cruces de caminos, bardas, comercios e incluso vehículos.

La tradición también está relacionada con el calendario agrícola.

En comunidades de Morelos, la fecha se vincula con las primeras cosechas de maíz y con la preparación de los alimentos obtenidos de la milpa. El INAH señala que actualmente algunas comunidades nahuas mantienen prácticas en las que se llevan las primeras cosechas, tamales y flores de pericón a sus difuntos.

Así, la planta no representa únicamente una protección espiritual: también forma parte de una memoria relacionada con la tierra, el maíz y las prácticas agrícolas que han pasado de una generación a otra.

Incluso el nombre de Yautepec tiene relación con esta planta. De acuerdo con el INAH, el nombre puede interpretarse como “en el cerro del yauhtli”, donde yauhtli hace referencia al pericón y tepetl significa cerro.

Aunque en ocasiones circula la versión de que el pericón está en peligro de extinción, no está catalogado actualmente bajo una categoría de riesgo de la NOM-059-SEMARNAT-2010.

Registros de instituciones ambientales señalan a Tagetes lucida como una especie nativa sin categoría de riesgo dentro de esa norma.

Sin embargo, esto no significa que la planta esté libre de problemas de conservación.

Investigaciones sobre el patrimonio biocultural del pericón en Yautepec, Morelos, han identificado dificultades para su colecta y advierten que la transformación de los ecosistemas donde crece puede representar una amenaza. Además, estudios recientes han señalado preocupación por la extracción de ejemplares silvestres para su comercialización durante las celebraciones de San Miguel, debido al aumento de la demanda en septiembre.

Por ello, especialistas han planteado la importancia de conservar tanto la planta como los conocimientos tradicionales asociados a ella.

El pericón pertenece a la familia de las Asteraceae y es una planta herbácea perenne que puede alcanzar entre 40 y 80 centímetros de altura. Sus flores amarillas y su intenso aroma anisado son algunas de sus características más reconocibles. Florece principalmente entre agosto y noviembre.

Además de su uso ceremonial, el pericón forma parte de la medicina tradicional mexicana. La Universidad Nacional Autónoma de México documenta diversos usos tradicionales de sus hojas, flores y tallos, particularmente en preparaciones relacionadas con malestares digestivos.

En Morelos también existe documentación histórica sobre su utilización en prácticas tradicionales relacionadas con el “susto”, el “rayo” y la preparación de elotes.

Esto no significa que sus usos medicinales tradicionales sustituyan tratamientos médicos; se trata de conocimientos etnobotánicos que forman parte de la historia y cultura de las comunidades.

Año con año, las cruces amarillas regresan a las calles de Morelos. Para algunas familias representan protección espiritual; para otras, son parte de una tradición heredada de sus padres y abuelos.

Más allá de la creencia sobre “el diablo que anda suelto”, el pericón representa la unión entre la agricultura, la naturaleza, las tradiciones indígenas y la religiosidad popular.

En Cuernavaca y otros municipios morelenses, cada 28 de septiembre las pequeñas flores amarillas vuelven a ocupar puertas y ventanas, recordando que algunas tradiciones sobreviven no solamente por la fe, sino también por la memoria de quienes las mantienen vivas.

Cruces de pericón: la tradición de Morelos que cada septiembre protege los hogares
Redacción 28 de septiembre de 2026
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