Charly López
La delegación mexicana volvió a hacer historia. En los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santo Domingo 2026 rompió su récord histórico de medallas y confirmó, una vez más, que es la gran potencia deportiva de la región. El esfuerzo de cientos de atletas merece aplausos de pie. Lo conseguido no es casualidad, es producto de años de disciplina, sacrificio y talento.

Pero, junto con la celebración, surge una pregunta incómoda: si México puede dominar con tanta autoridad los Juegos Centroamericanos, ¿por qué esa superioridad desaparece cuando llegan los Juegos Olímpicos?

La respuesta no está en los atletas. Ellos cumplen. Compiten, entrenan y representan al país con orgullo. El problema aparece mucho antes de que inicie la competencia: en la planeación, en la inversión, en la continuidad de los programas y en una estructura deportiva que suele improvisar más de lo que proyecta.

Los Centroamericanos reúnen a naciones de nuestra región, donde México posee una infraestructura, una población y un desarrollo deportivo superiores en muchas disciplinas. En cambio, los Juegos Olímpicos enfrentan a nuestros atletas contra las mayores potencias del mundo, países que invierten durante todo el ciclo olímpico en ciencia, tecnología, medicina deportiva y detección de talento.
México tiene atletas para competir con cualquiera. Lo que sigue faltando es un proyecto nacional que no dependa de intereses políticos, conflictos administrativos o presupuestos de última hora. El talento existe; lo que ha faltado durante décadas es una política deportiva seria y permanente.

El récord en Santo Domingo debe celebrarse porque pertenece a los deportistas. Pero también debe servir como un llamado de atención para quienes toman las decisiones. Si México quiere dejar de conformarse con ser gigante en Centroamérica y convertirse en protagonista olímpico, tendrá que entender que las medallas no se improvisan.

Hoy es momento de aplaudir. Mañana, de exigir. Porque el verdadero reto no es ganar donde históricamente se ha ganado, sino competir de tú a tú con las mejores potencias del mundo. Ahí es donde el deporte mexicano todavía tiene una deuda pendiente.