El huracán Melissa, previamente catalogado como una de las tormentas más potentes del Atlántico en 2025, continúa su paso devastador por el Caribe y ha comenzado a impactar de lleno al oriente de Cuba. Según reportes oficiales, el fenómeno provocó “daños cuantiosos” e inundaciones en provincias como Santiago de Cuba, Granma y Guantánamo.
Las autoridades cubanas evacuaron preventivamente a más de 700 000 personas en la región oriental, activaron los protocolos de protección civil y cortaron el suministro eléctrico en sectores estratégicos para minimizar los riesgos.
En la provincia de Santiago de Cuba, el huracán tocó tierra cerca de la localidad de Chivírico en la madrugada, provocando marejadas, lluvias intensas y vientos que derribaron árboles y postes, con cortes de electricidad generalizados.

El precedente en Jamaica es inquietante: Melissa impactó como categoría 5, causando destrucción masiva y dejando a la isla declarada zona de desastre.
Los expertos advierten que el verdadero peligro no son solo los vientos, sino las inundaciones repentinas, deslaves en zonas montañosas y el colapso de infraestructuras debilitadas por crisis anteriores. En este contexto, Cuba enfrenta el reto adicional de una crisis energética y de abastecimiento que podría agravar los efectos del desastre.
En resumen, el huracán Melissa representa una amenaza mayor para el país caribeño, que ya endurece su resistencia ante fenómenos extremos en medio de un escenario de vulnerabilidad creciente.
