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Xóchitl y Huitzilin: la leyenda de amor que dio origen a la flor de cempasúchil

Una antigua leyenda mexicana cuenta la historia de dos jóvenes enamorados cuyo amor habría quedado representado en la emblemática flor naranja que cada año ilumina las ofrendas del Día de Muertos.
Vanessa Moreno

Cada año, con la llegada del Día de Muertos, los mercados, hogares y panteones de México se llenan del característico color naranja de la flor de cempasúchil. Sus pétalos adornan las ofrendas y forman caminos que, de acuerdo con la tradición, ayudan a las almas de los seres queridos a encontrar el camino de regreso a casa.

Pero detrás de esta emblemática flor existe una historia de amor que ha pasado de generación en generación: la leyenda de Xóchitl y Huitzilin, dos jóvenes cuya unión habría trascendido incluso la muerte.

Xóchitl y Huitzilin: una historia de amor eterno

De acuerdo con una leyenda popular difundida por instituciones mexicanas, hace mucho tiempo, en la época prehispánica, vivían dos jóvenes llamados Xóchitl y Huitzilin, quienes se conocían desde pequeños.

Con el paso de los años, la amistad que compartían se convirtió en un profundo amor. Ambos disfrutaban pasar tiempo juntos y acostumbraban subir a una colina para contemplar el paisaje y llevar flores como ofrenda a Tonatiuh, el dios del Sol, a quien pedían que protegiera su relación y les permitiera permanecer juntos.

Sin embargo, su felicidad se vio interrumpida cuando Huitzilin fue llamado para participar en una guerra y tuvo que abandonar a su amada.

Tiempo después, Xóchitl recibió la triste noticia de que su enamorado había perdido la vida en el campo de batalla. 

Desconsolada por su ausencia, subió nuevamente a la colina y pidió a Tonatiuh que le permitiera reunirse con él, pues no quería vivir separada de su gran amor.

El dios del Sol, conmovido por su tristeza, lanzó un rayo dorado que transformó a Xóchitl en una hermosa flor de color amarillo intenso, cuyo botón permaneció cerrado.

Tiempo después, un colibrí llegó atraído por su aroma y se posó sobre ella. En ese momento, sus pétalos se abrieron y la flor mostró todo su esplendor. Según la leyenda, aquel colibrí era Huitzilin, quien había regresado para reunirse con su amada.

Desde entonces, la historia cuenta que ambos permanecieron unidos para siempre y que, mientras los colibríes visiten los campos de cempasúchil, su amor seguirá vivo.

¿Por qué el cempasúchil guía a las almas durante el Día de Muertos?

Más allá de la leyenda, la flor de cempasúchil tiene un profundo significado dentro de las tradiciones mexicanas.

Desde la época prehispánica, los pueblos mexicas relacionaban su intenso color amarillo y naranja con el Sol. También la utilizaban en ceremonias y para adornar tumbas, pues se creía que conservaba la calidez del día y que su aroma ayudaba a guiar a los difuntos.

Actualmente, una de las costumbres más representativas consiste en esparcir sus pétalos desde la entrada de las casas hasta los altares. De acuerdo con la creencia popular, este camino permite que las almas encuentren la ofrenda preparada por sus familiares.

Las veladoras, fotografías, alimentos y demás elementos del altar complementan este recibimiento lleno de simbolismo y recuerdos.

¿Qué significa la palabra cempasúchil?

El nombre de esta flor proviene del náhuatl cempohualxochitl, formado por las palabras cempohuali, que significa veinte, y xóchitl, que significa flor. Por ello, suele traducirse como “veinte flores”, “varias flores” o “flor de veinte pétalos”.

Su nombre hace referencia a la abundancia de sus pétalos y flores, que la convierten en una de las especies más representativas de la temporada de Día de Muertos.

Su nombre científico más conocido es Tagetes erecta y es originaria de México. El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) destaca que su presencia en la cultura mexicana se remonta a tiempos prehispánicos.

Una flor con más usos de los que imaginas

El cempasúchil no solamente tiene un valor ornamental y ceremonial. A lo largo del tiempo también ha sido aprovechado para distintos usos tradicionales.

De acuerdo con información de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), esta flor se ha utilizado como pigmento para textiles, repelente de insectos y en preparaciones de la gastronomía mexicana.

Sus pétalos también se incorporan en algunas recetas, como sopas, salsas, guisados y quesadillas. Históricamente, se le han atribuido usos medicinales tradicionales para aliviar molestias digestivas; sin embargo, estas prácticas no sustituyen tratamientos médicos ni constituyen una recomendación para automedicarse.

Además, su cultivo tiene importancia agrícola y cultural en diferentes entidades del país, entre ellas Morelos, Puebla, Estado de México, Hidalgo, Oaxaca y Guerrero.

Una leyenda que florece cada Día de Muertos

Aunque la historia de Xóchitl y Huitzilin forma parte de la tradición oral y no existe evidencia histórica que confirme a estos personajes como protagonistas de un mito mexica antiguo, su relato continúa transmitiéndose como una explicación romántica del origen de la flor.

Cada noviembre, el cempasúchil vuelve a llenar de color las calles, los hogares y los panteones de México. Sus pétalos representan mucho más que un adorno: son un símbolo de memoria, identidad y cariño hacia quienes siguen presentes en nuestros recuerdos.

Porque, como cuenta esta leyenda, hay amores que ni siquiera la muerte puede separar.

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