Vanessa Moreno
El océano Pacífico registra una intensa actividad tropical mientras varios sistemas ciclónicos avanzan de manera simultánea. Este comportamiento ha llamado la atención de especialistas y vuelve a poner sobre la mesa la influencia que puede tener el fenómeno de El Niño en la temporada de ciclones.
De acuerdo con la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), El Niño se encuentra en proceso de fortalecimiento y existe una probabilidad superior al 90% de que alcance una intensidad muy fuerte durante el otoño e invierno de 2026-2027. Además, los pronósticos contemplan una posibilidad del 69% de que se convierta en un episodio histórico por su intensidad.
El Niño es una fase cálida del fenómeno conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), que se produce por cambios en la temperatura superficial del océano y en la circulación atmosférica del Pacífico tropical.
Cuando se presenta, los vientos alisios se debilitan y grandes cantidades de agua cálida se desplazan hacia el este. Este calentamiento aporta energía a la atmósfera y puede generar condiciones más favorables para la formación y fortalecimiento de ciclones tropicales en el Pacífico central y oriental.
La NOAA explica que, de manera general, El Niño tiende a favorecer una mayor actividad de huracanes en el Pacífico oriental y central, mientras que puede reducirla en el Atlántico debido a cambios en la cizalladura del viento.
México se encuentra entre los países que pueden experimentar los efectos de este patrón, debido a su extensa costa sobre el Pacífico. Sin embargo, El Niño no significa que necesariamente habrá más huracanes tocando tierra en territorio mexicano.
La trayectoria de cada ciclón depende de diversos factores atmosféricos y oceánicos, por lo que un sistema puede mantenerse alejado de las costas o cambiar de rumbo antes de representar una amenaza directa.
Lo que sí puede cambiar son las condiciones generales de la temporada y la posibilidad de que algunos sistemas encuentren un ambiente favorable para intensificarse.
Además de los ciclones, El Niño puede modificar los patrones de precipitación en México. El Servicio Meteorológico Nacional señala que sus efectos varían de acuerdo con la intensidad del fenómeno y la época del año. En episodios intensos, históricamente se han observado condiciones de lluvia por debajo de lo normal en amplias zonas del país, particularmente durante verano y otoño, aunque existen diferencias importantes entre regiones.

Un fenómeno que va más allá de los huracanes
Los efectos de El Niño no se limitan a México ni a la actividad ciclónica. Al modificar la circulación atmosférica y la distribución del calor en el Pacífico, el fenómeno puede generar cambios en los patrones de lluvia y temperatura a miles de kilómetros de distancia.
En algunas regiones puede provocar condiciones más húmedas, mientras que en otras aumenta el riesgo de sequía. También puede afectar ecosistemas marinos y actividades como la pesca debido a las modificaciones en la temperatura del océano.
Por ello, los especialistas consideran que un episodio de gran intensidad puede tener consecuencias importantes a escala mundial.
La NOAA mantiene el seguimiento de El Niño y advierte que el fenómeno continuará fortaleciéndose durante los próximos meses. La intensidad prevista aumenta la probabilidad de observar algunos de sus efectos climáticos característicos, aunque los impactos específicos sobre una región no pueden determinarse únicamente a partir del pronóstico de El Niño.
Para México, el principal llamado es a mantenerse atento a los avisos oficiales del Servicio Meteorológico Nacional y de Protección Civil, especialmente durante la temporada de ciclones, ya que las condiciones pueden cambiar rápidamente.
La presencia de varios sistemas tropicales en el Pacífico es un recordatorio de que la temporada continúa activa, pero será la evolución y trayectoria de cada ciclón la que determine si existe un riesgo concreto para las costas mexicanas.


