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La Vía Láctea tuvo su primera gran fusión galáctica hace 11 mil 800 millones de años

Un estudio internacional identificó a LKH, una antigua galaxia enana que fue absorbida cuando la Vía Láctea apenas comenzaba a crecer. El hallazgo aporta nuevas pistas sobre la formación de nuestra galaxia y sus primeros componentes.

La historia de la Vía Láctea parece ser mucho más turbulenta de lo que se pensaba. Un nuevo estudio encabezado por el astrofísico Davide Massari encontró evidencia de que nuestra galaxia protagonizó una importante fusión con una galaxia enana hace aproximadamente 11 mil 800 millones de años, cuando el Universo tenía menos del 15 por ciento de su edad actual.

La galaxia absorbida fue identificada como Low-energy-Kraken-Heracles (LKH) y habría aportado alrededor de 500 millones de masas solares en estrellas, una cantidad equivalente a aproximadamente una cuarta parte de la masa estelar que tenía la Vía Láctea en aquella etapa de su evolución. La investigación considera este acontecimiento como la fusión galáctica más antigua identificada hasta ahora en la historia de la Vía Láctea.

La pista estaba en los cúmulos estelares

Para reconstruir este episodio ocurrido hace miles de millones de años, los investigadores analizaron cúmulos globulares situados en las regiones internas de la Vía Láctea. El equipo combinó observaciones del telescopio espacial Hubble con información sobre el movimiento de las estrellas obtenida por la misión Gaia.

Los científicos estudiaron principalmente la edad, composición química y trayectorias de estos cúmulos. La combinación de estas características permitió identificar una población de estrellas que no habría nacido originalmente dentro de la Vía Láctea, sino que habría llegado como consecuencia de aquella antigua fusión con LKH. La mayor parte del material aportado terminó concentrándose en las regiones internas de la galaxia.

El hallazgo también ayuda a resolver una discusión científica sobre cómo comenzó a crecer la Vía Láctea. Durante mucho tiempo se ha planteado si sus primeras etapas estuvieron dominadas por la formación de estrellas dentro de la propia galaxia o por la incorporación de otras galaxias más pequeñas. Los nuevos resultados muestran que las fusiones tuvieron un papel importante desde una etapa muy temprana.

Una colisión tranquila para las estrellas, pero violenta para el gas

Aunque hablar de una galaxia que “devora” a otra puede parecer un fenómeno catastrófico, la fusión no implicó que las estrellas chocaran directamente entre sí. Las enormes distancias entre ellas hacen que este tipo de colisiones estelares sean extremadamente improbables.

El escenario habría sido diferente para el gas interestelar. La interacción entre el gas de LKH y el de la joven Vía Láctea pudo provocar una intensa actividad de formación de nuevas estrellas, aportando así más material para el crecimiento de nuestra galaxia. El proceso también habría incorporado materia oscura al sistema galáctico.

LKH no fue la última galaxia en contribuir a la construcción de la Vía Láctea. Los astrónomos han identificado posteriormente otros episodios importantes, entre ellos la incorporación de Gaia-Sausage-Enceladus, ocurrida alrededor de 10 mil millones de años atrás, mientras que la galaxia enana de Sagitario continúa siendo absorbida por la Vía Láctea.

La investigación, encabezada por Massari y realizada con colaboradores de distintas instituciones, refuerza la idea de que la Vía Láctea no surgió de una sola pieza. Su estructura actual es el resultado de miles de millones de años de formación estelar, crecimiento y fusiones con sistemas más pequeños.

Para los astrónomos, reconstruir estos antiguos encuentros no solo permite conocer el pasado de nuestra galaxia: también ayuda a entender cómo se formaron las estructuras que eventualmente dieron lugar al entorno cósmico donde surgieron el Sol y la Tierra.

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